#150AñosDeLaGestaGalesa. Gales queda en el sur

Gales queda en el Sur: una colonia inalterable, 150 años después

En Chubut, la colectividad galesa apuesta por mantener vivas las costumbres de sus antepasados que llegaron al país en 1865; una cultura que perdura a pesar del paso del tiempo

GAIMAN, Chubut.- Llegaron a la Argentina con un solo pedido: que se respetaran su religión y su idioma. A cambio, levantarían la bandera del país en cada terreno que habitaran y cumplirían con las leyes vigentes. Hoy, 150 años después de la llegada de los pioneros, los descendientes de los colonos mantienen su compromiso y muchas de sus costumbres.

Eran 153 personas que el 28 de julio de 1865 llegaron a las heladas costas de Puerto Madryn, en Chubut, en el velero Mimosa. Dejaron atrás las minas de carbón en las que trabajaban y el enfrentamiento con los ingleses, que les habían prohibido enseñar su idioma en las escuelas. Era un páramo, que sólo con la perseverancia y fuerza de trabajo consiguieron convertir en un valle fértil.

Pese a la ayuda del gobierno, a través del entonces ministro Guillermo Rawson, durante la presidencia de Bartolomé Mitre, muchos de ellos debieron desertar y trasladarse hacia Santa Fe y Río Negro.

Era un páramo, que sólo con la perseverancia y fuerza de trabajo consiguieron convertir en un valle fértil.

Y había causas: las pérdidas materiales, producto del desconocimiento de la labranza en tierras tan áridas, y las muertes sucedidas en Punta Cuevas, el lugar del desembarco.

Pero muchos se quedaron. “Fue muy duro para ellos y se produjeron varias muertes. Algunas durante el viaje desde Liverpool, que duró dos meses. El único sastre que venía en la embarcación murió la primera noche, cuando salió en busca de agua”, relata Wendell Davies, presidente de la Asociación San David de Trelew.

En realidad no se sabe si murió la primera noche, pero el hallazgo de sus restos junto a las tijeras bautizó la zona Bajo los Huesos. Virgilio Zampini, un poeta chubutense, le dedicó una narración: “La invariable meseta lo sorprendió. Él no conocía otra naturaleza que los campos de Gales: húmedos, verdes, ondulados. Siguió andando. Quizá después de aquellos arbustos oscuros. Cuando el sol se puso, se sentó a descansar. Ya no existían los puntos cardinales. Después, quiso correr. Y a cada salto, le crecían la noche y las tijeras”.

EN BUSCA DE AGUA

En aquellas costas también perdió la vida Catherine Roberts, cuyos restos fueron hallados en 1995 y tras ser sometidos a un análisis genético por expertos del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) del Conicet pudieron establecer su identidad. “La madera del ataúd que contenía los huesos era de la especie Pinus sylvestris. Coincidentemente, los restos de dos barcos hundidos anteriormente a la llegada de los galeses en la misma playa de desembarco fueron construidos con esta misma madera, que es de origen europeo. Junto al cuerpo también se encontraron un anillo de casamiento y un botón”, explicaron los especialistas. El hallazgo y la investigación hicieron que este año de celebración para el pueblo galés tenga también un documental que será dirigido por el realizador y productor argentino Ricardo Preve.

La vida siguió su curso y, en busca del agua, a pocas semanas del desembarco los colonos llegaron al valle del río Chubut. Se dedicaron a la agricultura, principalmente, del trigo. Durante los primeros años sufrieron inundaciones y sequías que arruinaban sus cosechas, hasta que diseñaron un sistema de riego por inundación y de canales que todavía funcionan hoy en este valle patagónico.

Este pueblo de origen celta hizo del epicentro de sus vidas las tradicionales capillas. Protestantes y adventistas en sus orígenes, las construyeron casi equidistantes, cada una a unos 15 kilómetros de distancia.

Allí transcurría buena parte de la vida de los inmigrantes que vivían en las chacras. En cada capilla se trazó el futuro de la colonia porque se organizaron los sistemas de educación, gobierno y justicia.

“En los primeros 10 años de la colonia ya había escuelas que funcionaban en las capillas. También se practicaban los cultos religiosos y los cantos que perduran hasta hoy”, agrega Rebeca White, coordinadora provincial de los festejos del sesquicentenario y representante legal del jardín de infantes Ysgol Gymraeg y Gaiman N° 1035 (Escuela Galesa de Gaiman), donde las clases se dictan en galés.

En los primeros 10 años de la colonia ya había escuelas que funcionaban en las capillas.

Si bien la primera ciudad que fundaron los galeses fue Rawson, capital de la provincia, la mayor presencia de ellos se da en Gaiman, unos 50 kilómetros hacia el Este, y en Trevelin, sobre la Cordillera, a 30 kilómetros de Esquel.

Se trata de municipios que apenas superan los 7000 habitantes. En sus calles y espacios se puede observar la presencia de la cultura galesa: casas de té, calles arboladas, protagonismo del río y reminiscencia del ferrocarril.

Las capillas también fueron el espacio de relación entre los colonos y los tehuelches que vivían en aquellas tierras. “Fue tan buena la convivencia que los indígenas les enseñaron a los colonos a cazar y a plantar. Incluso muchos caciques dejaban a sus hijos para que fueran a la escuela, mientras ellos buscaban comida. También tuvieron relaciones comerciales, incluso empezaron a exportar bienes que los tehuelches les intercambiaban”, cuenta Davies, que es descendiente de galeses.

Hoy se contabilizan 16 capillas en el valle inferior del río Chubut y otras dos en la zona de Trevelin. Allí tienen lugar los cultos religiosos y siguen siendo espacio de reunión para la comunidad. Cada familia va a la capilla que “heredó” de sus ancestros.

Hoy se contabilizan 16 capillas en el valle inferior del río Chubut y otras dos en la zona de Trevelin.

La historia de la Argentina tiene también un lugar especial para los colonos galeses. En 1885 llegó a Chubut el primer gobernador, el teniente coronel Luis Jorge Fontana, y se propuso llevar a un grupo hacia la Cordillera. Ofreció distribuir tierras entre quienes estuvieran dispuestos a empezar de nuevo. Entre ellos llegó Thomas Tegai Austin, que había quedado huérfano tras el viaje en altamar y fue el primer gerente de la Compañía Mercantil Chubut y luego se dedicó a la compra y venta de hacienda.

Los colonos se asentaron en un valle fértil y lo llamaron, en galés, Cwn Hyfryd. Decidieron establecerse a orillas del río Percey y allí fundar la Colonia 16 de Octubre. Era 1888.

En 1897 surgió una disputa de límites con Chile. “El tratado de 1881 -cuenta Gustavo De Vera en el libro titulado 1902. El protagonismo de los colonos galeses en la frontera argentino-chilena- establecía como límite las cumbres divisorias de aguas; pero había una zona en la que las altas cumbres están en un lado y la divisoria de aguas, en otro.”

Tomando el criterio que le convenía a cada uno, los dos países reclamaban la tierra. El árbitro era Inglaterra. Ante este país el perito Francisco Moreno presentó sus argumentos en favor de la Argentina. En 1902, el rey Eduardo VII mandó una Comisión de Límites.

“Cuando llegó la comisión encontró que había juzgados de paz argentinos, escuelas argentinas… Recorrieron la región preguntándoles a los pobladores en qué país creían que estaban las tierras que habitaban. Y la gente de la zona tenía vínculos institucionales con la Argentina…”, agrega el libro.

El pueblo galés tiene un espíritu festivo. De hecho los encuentros culturales, que son competencias, de canto y literatura que se denominan Eisteddfods, son una celebración a nivel provincial.

El primero se celebró en Rawson el año del desembarco, en 1865. La competencia tiene su origen en 1176 cuando los poetas galeses se reunían cada año para relatar sus poesías y escritos, y así competir entre ellos para obtener un lugar en la mesa del príncipe que organizaba el certamen, garantizando de esta forma su bienestar.

Los encuentros culturales, que son competencias, de canto y literatura que se denominan Eisteddfods, son una celebración a nivel provincial.

Desde 1965 el festejo se repite anualmente; tiene carácter provincial y no compiten sólo descendientes de galeses, sino toda la población.

Ivon Williams es descendiente galés. Está casado con Guadalupe Vázquez y tiene tres hijos: Gwenda, Ian y Eric. Todos saben hablar galés. “Hay pilares dentro de la colonización, como la poesía y el canto, que hicieron perdurar al galés y lo hicieron resurgir, especialmente después del centenario, cuando se creía perdido. Yo aprendí en casa a hablar en galés. Mis padres hablaban el idioma y hasta que empezamos la escuela no sabíamos hablar castellano”, dice, y recuerda que también ayudaron los planes de intercambio para jóvenes con el gobierno de Gales, que fomenta los encuentros anualmente.

LA CEREMONIA DEL TÉ

 

Además del idioma, la poesía y el canto hay otras costumbres que perduran en el valle a pesar de los años: la ceremonia del té.

Aunque el té galés que se sirve en la actualidad tiene algunas diferencias porque no estaba acompañado de una variedad de panes y tortas, es una ceremonia para toda la familia.

“Es una costumbre muy arraigada. Yo me acuerdo de mi padre que a las 17 tomaba el té. Si estaba en la chacra se llevaba el termo y lo tomaba allí. Era un momento más del encuentro. Todavía hoy mi madre nos llama a esa hora. Ella lo prepara y lo sigue tomando”, cuenta Williams, que siguió con la tradición familiar trabajando las chacras.

Hoy existen varias casas de té y hay una que guarda una genealogía de los pioneros que llegaron en el Mimosa. El 28 de julio, cuando se recuerda el día del arribo, también abren sus puertas las capillas y son las familias las que se encargan de servir y atender a quienes quieran compartir la ceremonia en largas mesas.

Además del idioma, la poesía y el canto hay otras costumbres que perduran en el valle a pesar de los años: la ceremonia del té.

Respecto de la tradición y la conservación del idioma, aclara: “Con mis hijos veo la diferencia porque yo no les hablo galés, pero por suerte existen las escuelas, y están las abuelas para que aprendan. Ésta también es la importancia de festejar los 150 años y de que se genere una movida especial”.

Es que el aniversario ya empezó a celebrarse en 2013, pero este año se multiplican los festejos en Gales, Liverpool, en Gaiman y Trevelin. Incluso en julio se presentará en el Teatro Colón el coro juvenil galés que recorrerá el país.

Glaniasant yma y aros. La frase significa “Los galeses desembarcaron en Chubut para quedarse” y es la que eligió esta colectividad de unos 50.000 miembros en la Argentina para festejar y recordar el destino que eligieron para ellos sus antepasados hace 150 años.

Fuente:

http://www.lanacion.com.ar/1785914-un-colonia-inalterable-150-anos-despuesgales-queda-en-el-sur

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