#Turismo. Atractivos de Trelew en suplemento Viajes de Clarin

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Fauna marina y huellas de dinosaurios

POSTALES / CHUBUT Un recorrido por Trelew que combina el espectáculo de los pingüinos de Punta Tombo con el circuito paleontológico.

 Los viajeros que llegan a Trelew no sólo buscan la luz clara y los cielos límpidos. Esta ciudad de Chubut ofrece una apacible excursión para ver más de 200 especies de aves, un pequeño viaje hacia Punta Tombo para disfrutar de la mayor colonia de pingüinos de Magallanes del mundo, un bosque petrificado de 60 millones de años y el fémur del dinosaurio más grande del mundo, recientemente descubierto en el Museo Paleontológico Egidio Feruglio. Además de todo eso, se puede vivir la tradición cultural galesa, a casi 150 años de la llegada del barco con los primeros colonos.

“Hablo poco pero pueden hacerme las preguntas que quieran”, se presenta Santiago Sainz-Trápaga, mientras prepara su lancha para navegar el río Chubut desde Gaiman, a 18 km de Trelew. El guía acaba de publicar el libro “Aves del noreste de Chubut”, con fotos e información sobre más de 200 especies que se observan en el paseo.

Las costas están cubiertas de árboles. Santiago identifica los pájaros, mientras una luz tibia ilumina las hojas de los álamos: “Ese es un jote de cabeza colorada, aquél un benteveo y allá va una golondrina patagónica”. Más tarde, comenzamos a navegar río abajo con el motor apagado. El silencio sólo es roto por el sonido del agua y las hojas. Se escuchan a lo lejos los trinos de una bandurria y un zorzal, mientras el atardecer pinta de naranja el río Chubut.

Otras aves no voladoras y de mar convocan la atención de miles de turistas todos los años. A 107 km al sur de Trelew, la Reserva Natural de Punta Tombo alberga la colonia de pingüinos de Magallanes más grande del mundo. Antes de iniciar la visita, en el Centro de Interpretación explican, de manera didáctica, el ciclo reproductivo de los pingüinos, la migración desde el sur de Brasil, su estructura ósea y su convivencia con otros seres en el fondo marino.

En plena temporada llegan al millón de ejemplares; a fines de marzo comienzan a abandonar los nidos para vivir seis meses en el agua y regresar en septiembre. “Fijate en el color. Están cambiando el plumaje”, señala la guía Carina Sáenz al iniciar el recorrido de tres kilómetros, mientras se escucha un graznido a lo lejos. En una parada del recorrido, nos transformamos en observadores absortos del mar. Se ve el nado de unos pichones, otro grupo que se acicala y otros que toman sol en una tarde gloriosa de casi 30 grados de temperatura.

Hace varios millones de años, esta región de la Patagonia central estaba cubierta por grandes bosques y tenía un clima cálido y húmedo. Muchos turistas llegan a esta región buscando esos rastros. Y no se decepcionan. El Bosque Petrificado Florentino Ameghino es uno de los lugares de interés geológico y paleontológico de la región, a 90 km de Trelew. El recorrido tiene sólo 1,5 km de una sencilla caminata guiada, algo fundamental para entender el significado de esos fósiles de árboles que ocupan un área protegida de 223 hectáreas.

Los guías explican la línea de tiempo, indican las partes del tronco que se ven como gigantes dormidos por años y el paisaje marino que se esconde en el lugar. “Cuando encontraron algunos de estos fósiles, pensaron que era la costilla de un dinosaurio”, explica Roberto Lech, doctor en geología e investigador del Conicet.

No sólo se observan los troncos petrificados sino también restos de organismos marinos que vivieron en aquella época. Hay 16 sitios de interés, que responden algunas preguntas básicas ¿qué altura tenían los árboles? ¿por qué las cortezas están tan bien conservadas? ¿por qué no sobrevivieron las ramas secundarias? Un buen plan es sentarse en una cueva y contemplar el paisaje, que va de la estepa más árida a los bosques alimentados por el río.

En esa Patagonia de hace millones de años, desprovista de grandes cadenas montañosas, vivían los dinosaurios. La visita al Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew, es imprescindible para conocer esta historia, que comenzó hace unos 230 millones de años, en el período Triásico. El recorrido autoguiado abarca desde los orígenes del hombre, a través de fósiles, réplicas, videos, murales y sonidos para generar ambiente. Pero la gran estrella del museo es el fémur del dinosaurio más grande del mundo, descubierto el año pasado por científicos del museo.

“Son restos de una especie de dinosaurio de hace 95 millones de años, posiblemente la más grande que haya existido. Este excepcional descubrimiento no sólo se destaca por las dimensiones y cantidad de fósiles, sino también por su inusual estado de preservación”, señalan aquí. Por ahora y mientras avanzan las investigaciones, el visitante sólo puede deslumbrarse y fotografiar el fémur de 2,40 metros de largo, que permite calcular la talla del animal extinguido. “Desde el descubrimiento de la pieza ósea, nos consultan de todo el mundo”, asegura una guía.

Quedan por recorrer algunas chacras agroturísticas, escuchar a Ana Chiabrando Rees contar anécdotas de los galeses en su casa de té Plas y Coed (en Gaiman), comer en el antiguo molino harinero La Molienda (en Dolavon) y escuchar las historias de los primeros colonos en el bar del hotel Touring, “el living de Trelew”. Después de un largo día, a la mañana siguiente, el visitante volverá a encontrar la luz diáfana y el cielo sin manchas de este rincón de la Patagonia.

Fuente: Diario Clarin 08/04/2015

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