Centro Tombo. Características arquitectónicas

Tallado en la meseta patagónicaEl Centro de Interpretación de Punta Tombo, en Chubut, propone una arquitectura que se mimetiza con la naturaleza y la altera lo menos posible.

Por Ariel Hendler (Para Clarín)

Una obra tan fusionada con la naturaleza que ni siquiera se ve, invita a descubrirla poco a poco, a medida que se la recorre. Así define el arquitecto José Pablo Mehaudy al recién inaugurado Centro de Interpretación de Punta Tombo, en Chubut. Hace seis años, la gobernación aceptó su propuesta de construir este edificio, que parece formar parte de la topografía, para aliviar el exceso de visitantes en la reserva natural de Punta Tombo, adonde llegan cada año más de medio millón de pingüinos. “Se recorre en poco menos de dos horas y va a servir como un regulador de las visitas, porque suele haber picos de más de mil personas en un lugar de gran fragilidad ecológica”, explica el proyectista. Agrega que con esta obra se espera reducir en un 50 por ciento la presencia simultánea de turistas en la pingüinera.

El edificio, o mejor dicho el complejo de edificios, fue calado en la lomada que se eleva a menos de un kilómetro de la costa y de la pingüinera, y reconstruye tanto su pendiente como su curva de nivel. “El edificio es la loma”, grafica Mehaudy, nacido en Paraná, Entre Ríos, pero radicado desde chico en Trelew, y quien, en los últimos 15 años, contratado por el Consejo Federal de Inversiones, elaboró para el gobierno chubutense una serie de proyectos para las reservas naturales.

La característica principal del flamante Centro de Interpretación es que se apoya sobre una curva de nivel –es decir, un perímetro de la elevación de altura uniforme–, su disposición circular se mimetiza con la curva de su ladera, y la pendiente del terreno se experimenta también en el interior, con rampas que salvan las diferencias de nivel. El arquitecto agrega que está construida con ladrillo de la zona y revocada con tierra del mismo sitio. Además, el Centro brinda por primera vez una vista panorámica abarcadora de la Punta Tombo, que no existía con las instalaciones anteriores.

A partir de un estudio minucioso de la topografía del lugar se dispusieron varias construcciones, destinadas a los distintos usos, que conforman varios semicírculos concéntricos y escalonados en el borde de la ladera. La diferencia de alturas enfatiza la distinción entre piezas que, a su vez alojan distintos programas, y que terminan por generar un paseo descendente en dirección al mar.

“Así como en los acantilados y en las restingas los pliegues son producidos por el efecto de la erosión, este conjunto aparece formando parte del paisaje erosionado, con sus muros inclinados que buscan abrazar al terreno”, opina el arquitecto Daniel Rizzo, quien asesoró en el proyecto.

Viaje a las entrañas

Pero esta serie de volúmenes curvados también puede identificarse con un parapeto en la ladera, que cobija en su espacio interior a una serie de actividades dispuestas alrededor de un patio, denominado el Patio del Aljibe. En este sentido, la disposición de los volúmenes recrea en forma libre la idea del claustro, con la variante de sus formas curvas y los hiatos entre piezas que no llegan a unirse.

El concepto integral del Centro de Interpretación parte de dos ideas básicas: “Vivir la naturaleza desde sus mismas entrañas y transmitir la experiencia de la vida del pingüino, que viene a la tierra firme desde el mar”, cuenta Mehaudy. Para eso, se concibió un programa de contenidos que abarcan tanto la geografía y la historia de Punta Tombo como el mundo marino: los dos hábitats naturales de estas aves. “Ante todo, los pingüinos vivían en un lugar donde había vida, donde hubo aborígenes y donde hay geografía”, comenta Mehaudy.
Para abarcar todos estos ítems. el recorrido comienza en el nuevo estacionamiento para 70 autos y 20 ómnibus, horadado para que la visión de los vehículos no interfiera con el paisaje. Desde allí se accede por un sendero de interpretación de flora de 90 metros hasta la boletería y, según cuenta el arquitecto, lo primero que se ve es un muro de adobe que parece surgir de la tierra, organiza el recorrido y sirve como reparo para el viento del oeste.

El primer espacio sitúa a los visitantes en la (pre) historia de la formación de Tombo a lo largo de las distintas eras geológicas. Después se accede al Espacio del Pingüino Magallánico, dedicado a la vida de estas aves, y desde allí, por la rampa interior que desciende la pendiente de la lomada, al amplio Espacio del Mar y la Tierra. “Allí se cuenta lo que los visitantes no pueden ver en la pingüinera, lo que pasa bajo el mar”, explica Mehaudy. Para esto se diseñó una escenografía interior que remeda el hábitat natural con sus grutas y formaciones rocosas, y proyecciones submarinas en tiempo real.

“El interior nos introduce en un mundo ilusorio: el mundo de las profundidades del mar y de la naturaleza. Los bordes caprichosos de su geografía aparecen sugeridos por las formas de restingas y acantilados audazmente iluminados, y la topografía continúa presente también en los varios niveles unidos por rampas de un recorrido laberíntico”, describe Rizzo. Además, pondera que el diseño interior y sus componentes tallados aludan a la fauna marina “pero sin recurrir a la obvia taxidermia, sino más bien a la estetización de las especies”.
Estos espacios están iluminados muy sutilmente por la luz solar filtrada por claraboyas en el techo, ojos de buey y ventanas bajas, con el agregado de algunos leds alimentados por energía solar.

Desde el edificio, un largo sendero socavado (“para experimentar el silbido del viento patagónico sobre la cabeza”, aclara Mehaudy) conduce al Domo de los Vientos, un mirador todavía en obra, desde donde se puede disfrutar del paisaje a 360°. Al otro lado del Patio del Aljibe se ubicó la cafetería, y más abajo en la ladera, las áreas restringidas: biblioteca, áreas de estudio, laboratorios y servicios. Otras obras previstas son las residencias para científicos y el personal a cargo de la pingüinera.

Pero la obra ya fue inaugurada. Mehaudy cuenta que su origen –y el de sus otros proyectos para la provincia– se remontan a muchos años atrás, cuando vivía en Inglaterra y una vez le preguntaron cómo los arquitectos patagónicos sacan partido del lugar donde les tocó vivir.

Publicado por el Suplemento Arquitectura del Diario Clarín.06/12/10

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